un mundo extraño

Al fondo del edificio

Un gran edificio oscuro sostiene la noche poco estrellada. Pequeñas luces resisten desde la soledad de algunos apartamentos hechos para estar solo o para estar muerto de cuanto pueda uno morirse. La vida allí se estruja en una cama, o en la azotea, o en una esquina sucia —como un secreto apenas. Todo lo demás es un verbo ruidoso, a veces nefasto. ¿Qué hacer cuando se ha perdido la sustancia de la luz y la noche avanza ininterrumpidamente? Al fondo del edificio, tan despiertos como las estrellas, cuatro vecinos trancan la madrugada en una mesa. Acaso el dominó los salva. Y cuando sale el sol, descansan.