"Amigo, amigo, ¿Cuba está allá arriba?" Me resistí a la metáfora. Es decir, no podía ver la pregunta de otro modo que como metáfora, y me resistí a ella como una broma, una tan ingeniosa que me pregunté en qué otro lugar puede estar la isla, si acaso se fue hace tiempo y estas calles son sólo caminos sutiles por donde no vamos a ninguna parte, o si es que no se ha movido de su sitio y estamos más abajo, en el infierno —colmando todo el sentido. Pero no era una metáfora, no, en verdad el carretillero no se había burlado de nosotros de ese modo. ¡Cuánta suerte! Cuba es un alemán que se llama Cuba y realmente no sabemos si está allá arriba, en carne y hueso, en la segunda planta.