un mundo extraño

Del equipo del medio

No soporto el frío, el frío extremo, llevar un gorro, cuatro camisas, dos pantalones, tres medias, y aún así tener frío. No lo tolero. Se me hace insufrible fregar, bañarme, lavarme las manos. No apruebo orgullosamente vivir así por odio al calor, el calor extremo, sofocante, ni siquiera el calor suave que te hace sudar copiosamente si caminas demasiado. Tampoco creo que exista alguien que exprese con soberbia pertenecer al "team calor". Para mí está bien el término medio. Soy del equipo del medio y creo que somos mayoría. No obstante, aquella rivalidad nos ensombrece.

Es cierto que en los días más feroces del verano anhelamos con pasión el frío, y que en los días más helados a veces sentimos nostalgia por el calor. Es difícil sentir uno sin pensar en el otro. Incluso quienes viven en regiones árticas habrán de recordar aquellos días en que la temperatura era más amable y la luz del sol les tocaba como una mano cálida y familiar. Pero una vez que extrañamos el estado contrario o intransigimos en el que estamos, el mundo instantáneamente se divide en melancólicos y estoicos, conservadores y radicales, team frío y team calor. Este aferramiento es la descalificación de nuestro amplio y meridiano equipo del medio.

Pero si los del team medio nos organizamos todavía más, celebramos congresos, conciliamos cartas magnas, expedimos certificados y reivindicamos consignas —"Make Middle Great Again"—, ¿no será esto acaso otro aferramiento? Y cuando las temperaturas suban o bajen, como es natural, ¿no sentiremos una grave nostalgia por nuestra mediana patria? ¿De qué habrá servido tal diligencia?

Mientras tanto, el frío cede al calor en estos días. Es muy agradable. Desentumecidos, sin embargo, van retornado lentamente los mosquitos. Y soy cualquier cosa menos "team mosquito".