un mundo extraño

El alquimista

Dos hombres se sientan a la sombra de un árbol. Hay sol bueno y el parque es una espuma que deshace el Malecón. En la parada la eternidad espera con cara de vieja y se olvida de los dos hombres: en cuestión de segundos, uno de ellos sale de la sombra y se pierde en el tumulto de triciclos que atropella la calle. Uno de ellos se queda amortiguando el árbol y su lento transitar a la muerte. Hace de muerte él mismo y se acostumbra en unos instantes al vértigo. Ha saltado dentro de sí y es ahora un precipicio. Se ha disuelto el parque entero y el mar será entonces una realidad que vuelve, una y otra vez, al hombre sentado a la sombra de un árbol.