"¡Acelga! Acérquese a la realidad y métele a esto que no hay más ná" —pregona alegre el anciano en su bicicleta. Realidad, una herida en el vientre. Es la hora del almuerzo, dice el sol. El anciano repite: "¡Acelga! ¡No dejes que el chícharo te brinque solo!" Chícharo es ahora un concepto genérico, es frijol, es caldo, es un pan. La soledad del chícharo es una tragedia nacional que se acompaña con agua, como la lluvia en los días de verano. ¿Quién ha invocado a la acelga para responder a estos asuntos? El anciano se aleja, alegre, en su bicicleta. Nos deja más reales y más solos, y nos dice al fin: "¡Acelga! ¡El bistec verde!" Y ya se va el sol hacia la siesta, satisfecho, no como nosotros.