un mundo extraño

El equilibrio

Tan solo verlo —mirarlo bien— resulta incómodo. Quieto como está, con el rostro echado hacia abajo, parece imperturbable. El ventilador de pared es una reliquia espléndida de polvo. Solo una vez, refunfuñando, se atrevió a proferir algo, hacia el colchón donde orinó la gata. Ahora el frío lo atiesa definitivamente: agacha la cabeza ante el resto de la estancia, y escucha la planta del vecino. Esta parece alterar su paciencia, no obstante. Su sombra se inclina hacia ella y dibuja —no encuentro descripción mejor:— una mirada de venganza. Es bien conocida la venganza de los ventiladores. Sin embargo, a pesar de esta furia inconfundible, la ausencia de fluido eléctrico lo detiene. Es tal el equilibrio de las cosas.