un mundo extraño

El otro mito de Sísifo

Corremos de un lugar a otro. En realidad, el único destino es una operación de unos y ceros. Una señora dijo: niña, ¿aceptan transferencia? Otra señora dijo: sí, pero hoy no. El camino a la felicidad está lleno de peros. Vamos con la infinita paciencia de un vagabundo elucubrando paisajes maravillosos: es cierto que detrás del mostrador no hay hambre, pero es más hermoso verlo sin ella. Vamos con el torniquete del vagabundo en el estómago, y si preguntan hay quien dirá que no desayuna desde ayer, cuando la dualidad del peso nos hería pero dejaba comer. Es este el sueño de la barriga que, echada en la siesta, se infla hasta casi reventar. Pero ha de despertarse a tiempo, siempre a tiempo. Con la voracidad de quien despierta de un coma, nos lanzamos otra vez al destino minado de adversativas: en nuestro mito, Sísifo es un hombre que corre tras la roca, loma abajo, sin poder atraparla. Una señora dijo: nunca tienen transferencia. Otra señora dijo: a mí tampoco me cogen transferencia. El vagabundo pierde la paciencia y se le abre el torniquete, y exhala el hambre de tres noches sin dormir. Sin embargo, nada se revienta. Hay que imaginarse a Sísifo, mientras corre, cogiendo fresco.