un mundo extraño

El recolector anónimo

El recolector anónimo, a espalda de los niños y los perros, de los padres y las bicicletas, de los muchachos que juegan fútbol y béisbol, de las estatuas mudas y los aparatos rotos, de los bancos vacíos y los árboles quietos: el recolector incansable, ensimismado, ocupado en su corta distancia, entre tanta gente que habita el espacio sin aún conocerlo, sin saberse su nombre, su oficio, la calle por donde habrá de abandonarnos, y que nos dejará incompletos, irremediablemente, cuando en silencio se haya llevado por fin un metro cuadrado de tierra del parque.