En el alto meridiano, el astro rey sostiene todo el aliento para contemplar a su corte. Ni una nube, ni una brisa cubre su resplandor. ¿A qué tanta plenitud y transparencia? En el hilo de sombra que cuelga de las casas está la corte. Se ha reunido allí con un silencio ancho como la calle que arde en un río de fuego. Solo los altoparlantes bullen en temerarios decibeles que estremecen a los gorriones y los perros de casa. Es el reparto el concierto de la corte y los súbditos se arroban bañados en los coros y en el cálido bautizo del sol. Hay fiesta como si al rey le naciera un hijo. Y en efecto. Pausados los altoparlantes, nunca más quieta la tarde, cantan todos feliz cumpleaños.