La señora entendió que la única manera de dominar a su nieto era sentarlo con un pan frente a la pantalla. A todo volumen, el teléfono comenzó a disparar videos increíblemente cortos, con voces planas e historias absurdas. Me acerqué cuando aparecía uno más largo, de un hombre que iba a pintar una pared y terminó manchando un camión de bomberos. No me explico cómo pudo ser posible. Era un video hecho con Inteligencia Artificial, por supuesto. De pronto, añadiéndole intriga a la escena, apareció Jesucristo. "Haz la magia, muchacho", y entonces daba las instrucciones para compartir el video en WhatsApp. "Si no me crees pruébalo tú mismo". ¿La magia? ¿Qué magia? Pero el video regresó a la historia del camión de bomberos, la voz del hombre apuraba las escenas difusas en que intentaba corregir la mancha. Y terminó el asunto, eso creo. No pude enterarme. El nieto de la señora ya había pasado al video siguiente.