Malecón amanece con una tranquilidad rara. Hasta las ocho puedes pasar, me dijeron. Un teatro sobre ruedas comenzaría temprano celebrando el día de los pioneros —dos días antes. En mi ruta solo veo corredores y extrañas parejas sentadas en el muro, la calle desierta. Dos hombres me hacen doblar por J, y doblo. A la vuelta, una camioneta con cañón y ametralladora es custodiada por soldados. Por si acaso, pienso, una masa crítica de pioneros y triciclos puede ser un atentado —el enemigo está en todas partes.