Silenciosamente el llamado pastel oriental ha desplazado al bocadito de helado en la calle. Sin estridencia se ha colocado en esquinas y mipymes. En realidad, siempre estuvo ahí, sin el menor espíritu de competencia. El tiempo le ha hecho su lugar en el orden de la vida. Su forma redonda evoca la perfección, el color amarillo al sol, su sabor la ambrosía —en estómagos agradecidos—. Es hermoso. Reitero, silenciosamente, tranquilamente, del mismo modo en que actúa la naturaleza. Con serenidad debemos afrontar entonces que este hecho maravilloso también pasará —y agradecerlo mientras ocurra.