un mundo extraño

Tumulto que espera un milagro

Mira, viste, parece que va a hablar Fidel, viste, te dije que tenía que levantarme temprano, vieja —ay, ya, no te quejes —cuando el sol atraviesa los surcos de la ciudad sucia, de manera que las cosas advierten su espanto y se quedan mudas, y solo estamos nosotros para verlas y ponerles nombres y luego olvidarlos junto al peso de su angustia (polvo que aplasta a la ciudad que crece) —entonces la brisa refresca un tumulto que espera un milagro, adentro o afuera, y cede cada vez más a su propio peso —mira, no cabe nadie, viste —no te quejes, mijo —¿seremos nosotros las cosas, nombradas y luego olvidadas, que enmudecen?