un mundo extraño

Un canto gregoriano

Cielo relampagueante, apagón total, una moto eléctrica pasa dando flashazos y un vecino pone a todo volumen un canto gregoriano que retumba en el valle de mi casa como si fuera domingo y Dios se hubiera acostado aquí, entre chicharras y conversaciones cotidianas que polemizan la existencia de Dios. Uno no sabe qué pensar. Pasa el tema y Dios desaparece. Han quedado las cosas en su justa divinidad velada, sin una luz que las descubra. Solo vemos las nubes quemándose a lo lejos, cada vez más lejos, retratándose con Dios.